El tiempo, esa obsesión

El tiempo es la fuerza omnipresente de mayor influencia reguladora de nuestra existencia. Todo se mide a través del tiempo (el éxito, el fracaso, la vida, el amor). Todo se refiere al tiempo (las acciones, las inacciones). Y todo, a su vez, es consumido por el tiempo (el éxito, el fracaso, la vida, el amor…). Es decir, el tiempo –nuestro tiempo, tu tiempo– en algún momento se acaba.

Sin embargo, lo curioso es que a pesar de nuestra finitud, muchos hombres –sino todos– se comportan como seres inmortales. De todas las mediciones, cálculos y estimaciones, la muerte parece ser la única en la que no se piensa de manera consciente. La muerte es la victoria anunciada del tiempo. ¿Quién se anima a pensar su vida como una “derrota” asegurada? Acaso sea por esto, es decir, para obviar el desenlace, que el ser humano se empecine en intentar potenciar el tiempo, y añore, llegar a regularlo. ¿Será posible? Sigue leyendo

Un mundo sin originalidad

Captura del cortometraje de Juan Diego Solanas, El hombre sin cabeza (2003)

Los humanos han perdido su originalidad, parece ser el postulado que el director argentino Juan Diego Solanas (hijo de otro director, Fernando “Pino” Solanas) intenta transmitir en su cortometraje El hombre sin cabeza (2003). Sin embargo, esto es apenas la apreciación personal de quien escribe. En rigor, esta obra fílmica puede provocar innumerables y dispares conclusiones. Sucede que L’ Homme sans tête (título original de esta producción francesa) es un film que para entenderlo, primero hay que sentirlo. No hay en sus 18 minutos de duración demasiadas explicaciones argumentales, ni diálogos esclarecedores. El film se propone –y logra– que su finalidad sea develada de manera individual por el espectador.

Quien observe este corto, ya sea en la pantalla de un cine o en la comodidad de su casa, estará, en realidad, ubicado en una zona portuaria de la que no podrá precisar una dimensión temporal (¿es el pasado?, ¿es el futuro?). Allí se desarrolla esta historia de la que, como dijimos, no hay demasiadas especificaciones sino sensaciones, muchas de las cuales serán provocadas por dos elementos no accesorios sino protagonistas: una excelente música y una lúgubre fotografía. Sigue leyendo

James Rowe: «El periodismo ciudadano puede existir pero no va a ser bueno porque no es profesional»

James Rowe en la UAI

El periodista estadounidense Rowe, especialista en periodismo económico
y exeditor del The Washington Post

En el marco de las charlas abiertas a la comunidad organizadas por la Universidad Abierta Interamericana (UAI) y el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), se presentó el periodista estadounidense James Rowe para debatir acerca del tema «Periodismo económico en los Estados Unidos». Rowe, Exeditor del The Washington Post durante 35 años y miembro del directorio de World Press Institute (organización privada sin fines de lucro que tiene como misión promover y fortalecer la libertad de prensa en todo el mundo), disertó por más de dos horas ante estudiantes de Periodismo de la UAI.

Si bien la premisa de la convocatoria estaba relacionada con la rama económica del periodismo, también hubo lugar para que el debate se abriera y aparecieran diversos temas de interés en torno al presente y futuro del periodismo en general. Así, por ejemplo, Rowe se refirió al fenómeno llamado periodismo ciudadano, una práctica en ebullición gracias a las nuevas herramientas tecnológicas. «Soy muy escéptico con el periodismo ciudadano. Es importante que el periodista no sea parte de la historia. Eso lo logra un buen periodista, porque está entrenado o bien lo lleva en su sangre; sin embargo, eso es muy difícil de conseguir para los ciudadanos, quienes suelen involucrarse. El periodismo ciudadano puede existir pero no va a ser bueno porque no es profesional», sentenció Rowe. Sigue leyendo

Un doble gatillo fácil en el caso Carrera: el periodismo y la policía

Una multitud observa la escena de la tragedia – Captura del documental El Rati Horror Show (2010)

Poco después de la una de la tarde del martes 25 de enero de 2005 un operativo cerrojo de la Policía Federal emprende la tarea de localizar un automóvil color blanco en la zona de Pompeya. Hasta ese momento, no existen mayores precisiones acerca del modelo, pero desde el comando radioeléctrico se alerta que éste podría ser o un Peugeot 205 o un Palio. En el vehículo –agregan desde la base policial– estarían desplazándose dos delincuentes luego de haber cometido un raid delictivo que comenzó con el asalto a los pasajeros de un colectivo en Villa Lugano y prosiguió con otro asalto, esta vez a dos personas en el barrio porteño de Pompeya.

En la intersección de las avenidas del Barco Centenera y Sáenz, en el barrio de Pompeya, Fernando Carrera, un vendedor de artículos de gomería, detiene la marcha de su vehículo (un Peugeot 205 de color blanco) a la espera de que el semáforo, en ese momento en rojo, le permitiera continuar su camino. Repentinamente, un automóvil Peugeot 504 de color negro se le aproxima de manera horizontal intentando cerrarle el paso. Carrera llega a distinguir que una de las personas lleva en la mano un revólver (los ocupantes del coche –vestidos de civil– eran agentes de la brigada de la comisaría 34ª). Se asusta, cree que intentan robarle y acelera tomando en contramano la avenida Centenera. Sigue leyendo

Si se prohibiera el periodismo

Habría que terminar aquella novela inconclusa. Intentar cambiar el mundo de una manera más valiente. Quejarse en las mesas de café, debatir en las filas del supermercado. Caminar por las noches sin rumbo, observar la ciudad, su gente, los quioscos de revistas abandonados. Escribir una crónica, la más hermosa, la que jamás podremos volver a igualar y romperla como una carta de amor no correspondida.

Si se prohibiera el periodismo, aunque fueran perseguidos, muchos proscriptos pagarían por oler papel de diario o mancharse los dedos con tinta. No existiría un momento más triste que el desayuno del domingo por la mañana. Habría que aprender a vivir sin la incertidumbre de la hoja en blanco, la urgencia por encontrar el dato, la adrenalina al concluir una nota y la frustración tras comprobar que, a pesar de todo, esas palabras apenas tendrán unas horas de vida. Sigue leyendo

Los 18 segundos de Leonardo Henrichsen

Leonardo Henrichsen

Leonardo Henrichsen, a 39 años de su asesinato

Santiago de Chile, 29 de junio de 1973, 8:30 de la mañana. Comandados por el Teniente Coronel Roberto Souper, el Regimiento Blindado 2 atraviesa el centro de la ciudad en dirección al Palacio Presidencial de La Moneda. El objetivo: derrocar al presidente Salvador Allende. Los sublevados no son muchos pero actúan de manera rápida y rabiosa. A las 8:58, apostados en la Plaza de la Constitución, las ametralladoras de los tanques M41 Walker Bulldog comienzan a vaciar su carga sobre la fachada de la sede presidencial.

Mientras tanto, varias grupos de soldados se apuestan de manera estratégica en las calles adyacentes a La Moneda. La orden es desocupar las calles y estar preparados para aguantar la respuesta de las tropas leales al presidente. A esas horas, en una fría mañana de invierno, todo es confusión, gritos y el sonido incesante de disparos. A poco más de 50 metros de allí, mientras las personas huyen despavoridas de la zona, el camarógrafo argentino Leonardo Henrichsencomienza a filmar estos hechos históricos. Sigue leyendo

No hay viajero que regrese siendo el mismo

Portada del nuevo disco de Ismael Serrano.
Ilustración de Mar Blanco

Todo viaje implica una despedida. Y no sólo de las calles, la ciudad o las personas, de algún modo, también de aquel que hemos sido. Quizá lo supiera el cantautor español Ismael Serrano luego de soltar amarras y comenzar su carrera profesional. Detrás, en una playa cada vez más pequeña, quedaban los primeros acordes aprendidos de su tío, una inconclusa carrera de Ciencias Físicas y humeantes noches de juglar en pequeños bares de Madrid. Era el año 1997, tenía 23 años y acababa de publicar su primer disco, Atrapados en azul. El éxito de este trabajo, de la mano de su primer single Papá cuéntame otra vez (letra de su hermano mayor, Daniel Serrano), propició su rápida llegada a tierras latinoamericanas.

En Vértigo, una de las canciones más recordadas de ese disco, quedaba expuesto su malestar respecto a las abdicaciones que supone el inexorable paso del tiempo: «…y cuando por fin me observe en tu espejo/ espero al menos que me reconozca/ me recuerde al que soy ahora». El temor de renunciar a los sueños, de traicionarse a sí mismo, aparecía de manera recurrente en las letras de aquel disco debut. Una preocupación que, como bitácora de viajero, lo mantendría en alerta durante todo el camino. El viaje lleva 15 años y en estos días volvió a tocar tierra con la aparición de su octavo disco de estudio: Todo empieza y todo acaba en ti. Sigue leyendo

La búsqueda de certezas

Catherine Aymerie, protagonista del cortometraje Punto de Fuga (1987)

Tres preguntas han ocupado las horas y las vidas de las mentes más inquietas: ¿de dónde venimos?, ¿para qué estamos?, ¿hacia dónde vamos? En torno a ellas se han construido afirmaciones de diversa procedencia: las primeras, apoyadas en lo que el hombre tenía más a mano, la naturaleza; luego fue el turno de la fe religiosa; y más tarde, el de la prueba empírica de la ciencia.

El hombre necesita, y siempre ha necesitado, respuestas. Y en esa búsqueda parece haber depositado todos sus esfuerzos. La sola presencia de algo inabarcable, como el universo, o indescifrable, como la vida, deja al hombre en un estado neonatal. ¿Por qué llora un recién nacido sino es por habérsele presentado una realidad totalmente desconocida?, ¿por qué los niños le temen a la oscuridad?, ¿por qué nos genera tanto silencio pensar en la muerte? La imposibilidad de dominarlo todo, de descifrarlo todo, nos pone en contacto con nuestra vulnerabilidad congénita. Sigue leyendo

Cupones de felicidad

Otra mañana en un lúgubre vagón de subte porteño. ¿Qué hacer con el aburrimiento y los bostezos cuando todavía faltan varias estaciones? Existen, por supuesto, diversos métodos para suprimir el tiempo: los tradicionales (leer cartelitos de advertencia, observar paredes negras a través de la ventana o pensar en la nada misma); los intelectuales (hojear con gesto de preocupación el diario, abstraerse en las páginas de un libro o subrayar un manojo de fotocopias); y proliferan, en los últimos años, los tecnológicos (reproductores de música y teléfonos celulares, sobre todo).

Embelesada en la pantalla táctil de su Smartphone, una pasajera realiza tres acciones virtuales que volverá a repetir durante toda la semana y varias veces al día: postea “yendo al trabajo” en su cuenta de Twitter, inspecciona novedades de sus amigos en Facebook y chequea su casilla de correo electrónico. Un mail llama su atención, “¡Hoy, 70% de descuento en Tuppers!”, indica el asunto del mensaje. Su rostro, hasta ese momento disperso, comienza a emitir gestos de repentino interés. “Increíble: pagá $89 en vez de $300 por 24 recipientes térmicos”. Nuestra ficticia pasajera no tarda mucho en decidirse, apenas unos segundos para imaginar en qué sitio de su casa guardará esa cantidad de piezas. Ya lo encontraré, se dice, y sonríe satisfecha mientras inicia el proceso para adquirir su cupón. Sigue leyendo

Groupon, el sueño fallido de Andrew Mason

Andrew Mason

Año 2000, ciudad de Nueva York. Malcolm Gladwell, un periodista de ascendente popularidad acaba de publicar su primer libro The Tipping Point (El punto de inflexión). Se trata de un análisis sobre cómo y por qué ciertas ideas, conductas o productos, se convierten en éxitos rotundos de la noche a la mañana, mientras que otros no. Sostiene que en estos fenómenos sociales existe un proceso de contagio, no muy distinto al de una epidemia viral, que llegado a un punto clave –de inflexión– la propagación puede provocar, incluso, enormes cambios culturales. El libro de Gladwell se transformó rápidamente en un best seller mundial.

Pocos años después, en la ciudad de Chicago, un joven de 26 años inspirado por la lectura de The Tipping Point crea una página web que, hasta ese momento, no podría considerársela menos que revolucionaria. The point, así la llamó, era un portal que brindaba su espacio como herramienta para que la gente se agrupara, organizara campañas y consiguiera resolver problemas de manera colectiva. Las acciones grupales podían ser de todo tipo, desde juntar fondos para pintar una plaza, hasta realizar una sentada frente a una empresa abusiva. Sigue leyendo