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Archivo para Febrero 2008

Histórico:Barack Obama gana la Presidencia

Obama, primer presidente negro de los Estados Unidos

Obama, primer presidente negro de los Estados Unidos

Con más de 75 millones de votos a su favor -la cifra más elevada en la historia- Barack Obama se consagró como el primer presidente negro de los Estados Unidos en casi 220 años. ¿Cómo será su gobierno?, ¿otro mundo es posible?.

Washington DC
5 de noviembre de 2008
ELECCIONES USA 2008

DOS CAMINOS: esta elección presidencial, tal vez la más trascendental para el pueblo estadounidense desde aquella primera en 1789, cuando George Washington era elegido como el primer presidente, ha marcado una serie de acontecimientos que ya comienzan a imprimirse en los libros de historia.

Ayer, no sólo estaba en juego quién conduciría el país durante los próximos cuatro años, sino también dos proyectos de gobierno absolutamente opuestos:

Por un lado, el modelo republicano, representado por el ex prisionero de guerra en Vietnam, John MacCain. De estilo conservador y partidario de continuar una gran parte de las políticas internacionales de George W. Bush. Entre sus discursos puede subrayarse su postura respecto a la invasión de Irak, apoyada por él desde el comienzo, y aun hoy cuando se le pregunta si vale la pena continuar esta guerra, responde: “Cien años, si fuera necesario”.

Por otro lado, el joven demócrata Barack Obama, de 46 años de edad y reconocido por su marcado interés en problemáticas como el desempleo y la pobreza.

Esta preocupación por el bienestar común fue lo que, en un principio, a mediados de la década del ´80, lo llevo a realizar diversos trabajos sociales en los barrios marginales de Chicago. Tiempo después, comprendió que para lograr un verdadero cambio debía involucrarse desde el campo legislativo. Fue así que, al concluir sus estudios de abogacía, comenzó su ascendente carrera política.

En torno a su personalidad idealista, descubierta masivamente en estos últimos años, se han desatado diversas polémicas. Sus detractores y opositores han llegado a catalogarlo de “Discursista Onírico”. Sin embargo, lo que nadie podría negar de Obama es su espíritu cuasi revolucionario. No sólo por negarse abiertamente a la invasión de Irak o por sus llamamientos a recuperar la esperanza y atreverse a construir un mundo mejor, sino, fundamentalmente, por algo que sacude aún más la estructurada política norteamericana: ser aspirante a un cargo que, en casi 220 años, y luego de que se sucedieran 43 presidentes, jamás había sido ocupado por un afroamericano.

EL DILEMA: todo lo dicho explica que los comicios de ayer no hayan resultado para nada sencillos. Más aún cuando se debe elegir un presidente que sea capaz de lidiar con la oscura herencia de su antecesor: probable recesión, crisis económica, política exterior, Irak, Afganistán, salud, empleo, entre otras prioridades. Y si bien Obama se perfilaba como una clara opción de cambio, y por ende, un aire renovador para estas políticas, no todos parecían convencidos de su capacidad de liderazgo, dada su escasa experiencia en cargos de gobernación.

No obstante, pese a la gran cantidad de indecisos hasta último momento, la ciudadanía se volcó masivamente a las urnas, como nunca antes, llegando a una cifra récord de participación de más de 130 millones de votos.

Y contrariamente a los pronósticos y las encuestas, lo que parecía imposible ayer finalmente ocurrió: Obama arrasó en las elecciones llevándose el 60% de los votos y una aplastante victoria frente a su competidor.

SÓLO EN AMÉRICA: la llamada “Tierra de las oportunidades”, donde todos los sueños se hacen realidad, parece ser, además de una frase muy bonita, una teoría que hoy se hace más creíble con el triunfo de Obama. Sin embargo, esta creencia sobre la igualdad de oportunidades no ha sido demasiado convincente a lo largo de los años. Se comprobaría fácilmente si tan sólo se repasara la historia del país por unos minutos. Alcanzaría para que uno tomara con pinzas el optimismo que por estas horas sobrevuela en torno a la figura del nuevo presidente. Uno tendría que preguntarse, inevitablemente: ¿se atreverá a cumplir sus promesas de campaña?, ¿lo dejarán?.

En un país que desde sus cimientos fue construido por inmigrantes, y que aún hoy resulta tan diverso, todavía no se ha logrado acabar con la discriminación religiosa, de piel o cultural. Aún hoy, cuando ha evolucionado velozmente en su escalada tecnológica, es paradójico comprobar que continúa detenido en el tiempo en lo que se refiere al respeto por las diferencias, la diversidad y la pluralidad. Dividida en su propia casa, la actual primera potencia hace mucho más evidente estos problemas cuando traslada sus prejuicios al ámbito internacional, fabricando guerras que denotan su intolerancia y racismo, matando y torturando con una frialdad escalofriante.

Probablemente, combatir con este dramático escenario sea el desafío más urgente que, a partir del 20 de enero de 2009, tenga el flamante recién electo presidente. Ojala así sea, y que este paso logrado con su triunfo sea el primero hacia ese otro tan deseado mundo posible.

NOTA ACLARATORIA: hoy, 29 de febrero de 2008, es el día de mi cumpleaños numero 28. Faltando 9 meses para la elección presidencial y todavía sin conocerse quien representará al partido Demócrata, pensé este artículo como un autoregalo, un sueño que quisiera se haga realidad. Espero no ofender a nadie y que simplemente se interprete como un deseo personal.

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Soledad de Buenos Aires

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Buenos Aires

Buenos Aires despierta,
querida, inalcanzable;
otra vez su mirada fue testigo de historias
que siempre acaban de la misma manera.

La ciudad amanece convertida en una casa gigante.
Calles que parecen patios y
veredas que parecen camas.
Así viven nuestros hermanos,
aunque nadie los escuche,
aunque nadie los note.

Buenos Aires despierta,
la mañana aún duerme,
las huellas de la noche ya se barren
y guardan en contenedores.

Y a veces también hay amor,
escondido en el fondo de un bar,
escapando de los ojos
y de las horas que no dejan respirar.

Sus bocas quedarán sedientas,
no habrá más tiempo para promesas;
será hora de regresar,
cada cual a su enfermedad.

Ella volverá a casa,
besará a su marido;
preguntará “¿qué tal tu noche, mucho trabajo?,
por dentro morirá despacio,
recordará otras caricias.
Él soñará que la rapta y huyen muy lejos,
pensará “Tal vez esta noche se decida”.

Buenos Aires despierta,
siempre triste y fría.
Las luces ya no brillan,
sólo quedan recuerdos.

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En silencio y con calma

George Bush

Cuando esta noche regreses y
no me encuentres,
desvístete en silencio y con calma.

No prendas la luz,
no hables muy fuerte;
que nadie sepa la verdad,
que la muerte no se entere;
lloverán lunas para aliviar tu soledad.

Y afuera nada deja de empeorar:
las bombas siguen estallando en Irak,
un muro se levanta en Israel,
los niños buscan padre en Afganistán.

Pero no preguntes más,
ya debemos huir,
sin Mesías por resucitar,
el Mar Rojo no se abrirá.

Sólo nos queda este amor
para escapar antes del amanecer.
En silencio y con calma,
trepará la guerra por nuestra ventana.

Categorías:Poesías

Amor de Noche

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Buenos Aires de noche

Se conocieron en un sueño de madrugada,
cuando el amor era solo un recuerdo lejano.

Ella salía de un lugar oscuro,
volvía a casa luego del trabajo,
fumaba y maldecía el olor que
dejan los hombres de promesas baratas.

Él escapaba de una cama vacía,
se perdía en calles desiertas,
contaba baldosas, adoquines,
el tiempo pasaba de prisa,
como pasan las cosas buenas.

Y en la ciudad el calor era sofocante,
los habitantes agonizaban en balcones, terrazas,
soñaban con ofertas de ventiladores.

Aquella noche, sin saberlo aún,
el destino o una ruleta generosa
los beneficiaría con un viaje a
las afueras de otro planeta.

Allí la vio,
cubierta de belleza y soledad,
parecía un ángel abandonado,
expulsado del cielo por inducir al pecado.

Le habló sin parar,
pálido, aterrado;
aquellos ojos lo perdían,
parecían lunas en la oscuridad del mar.

En otro lugar, a esas horas,
los borrachos se despedían con tristeza,
los diarieros hojeaban la Playboy.

Caminaron como turistas,
recorrieron calles y bares,
hablaban de sueños que el tiempo adormece,
de caminos que nunca encontraron.

Y ahora qué?
-No quiero despertar.
Él apretaba su mano,
sentía el mismo temor.

Por la mañana el amanecer los separó.
Ella se encontró en los brazos de un cliente habitual,
se sentía triste, sin recordar por qué.
Él no quiso abrir los ojos,
se empeñaba en soñarla otra vez.

Categorías:Poesías

Detrás del Muro

Detrás del Muro

No muy lejos existe un muro,
gigantesco, impenetrable,
un monstruo de acero y hormigón
creado para saquear un pueblo.

Allí un ejército de bestias
se desplaza por una ciudad en ruinas;
sedientas, insaciables,
criaturas de un imperio sin piedad.

Detrás del muro existió un país,
pobre, pequeño, como cualquier otro.
Sus hombres y mujeres se enamoraban,
los niños eran libres, soñaban con crecer.

Detrás del muro,
antes brillaba una tierra antigua.
Por las tardes, la arena jugaba en el desierto;
por las noches, la luna dormía en una mezquita.

Detrás del muro,
otro muro igual de infame:
los ojos del mundo y su indiferencia.

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El Arte de Bañarse

Baño

El Arte de Bañarse

Bañarse puede llegar a ser una obra de arte si se tienen los cuidados necesarios y la sensibilidad suficiente; la que de repente aparece y nos convierte en artistas sin que siquiera seamos concientes de ello.

Sin embargo, y penosamente, la mayoría de las personas toma el bañarse como una tarea cansadora, como un mal necesario o una pérdida de tiempo. Nadie se compromete; son esquivos a la causa, desapegados. Llegan a la ducha tristemente, por inercia, como si los pasos fueran la resultante de un cálculo matemático. Todo es tan técnico y rutinario que terminan frivolizando lo que debería ser un encuentro con los sentimientos.

A veces, me da gracia imaginar a las personas como robots, programados de acuerdo a la estación del año: en invierno giran 90 grados la fría y 160 la caliente; en verano, invierten los valores, ni un grado más ni un grado menos. Sí, me da mucha risa pero también un gran pesar. Uno quisiera entrar a sus casas con una pizarra y delantal blanco, enseñarles durante las horas que fueran necesarias, y sin importar el agua que se pierda, las tres reglas del arte de bañarse:

PRIMERA REGLA: Factores externos.

Cada baño es un mundo aparte y somos nosotros los creadores de las condiciones. No deberían preocuparnos el perfume de las flores en primavera, la tristeza de los árboles en otoño, el calor agobiante del verano ni la soledad del invierno…

Pero sería tan difícil enseñar estas cosas… Uno tendría que combatir contra costumbres de antaño, contra prejuicios y fantasías psicosociales, como por ejemplo -y perdonen la expresión pero hay que decirlo- la conocidísima frase: “Sacate la calentura con un baño”. Lo dicen así, sin remordimientos. Y el pobre muchacho lo hace, claro, porque así se lo han enseñado. Y pasa horas bajo la ducha, malgastando agua, acicalándose enérgicamente como un gato. Es realmente lamentable.

SEGUNDA REGLA: Cadena de eslabones.

Es fundamental tener presentes cada uno de los objetos que he de enunciar ya que la falta de cualquiera de ellos ocasionaría el justificado aborto de la tarea en cualquier etapa en la que nos encontremos:

A- Colocar radiograbador (funcionando a pilas) sobre la tapa del inodoro (por lo general están ubicados en los rincones, esto es una ventaja ya que la acústica será inmejorable), e introducir un cassette (preferentemente con cinta de cromo), conteniendo una selección de canciones que hemos de grabar previamente.

B- Silla plástica, estilo jardín. Debe estar a 40 centímetros de la bañera o de nuestro cuerpo. Sobre ella, ubicar entre dos y tres botellas de bebidas, comestibles salados y dulces; un buen libro, lápiz y papel, revistas, cigarrillos, sahumerios, velas y un reloj despertador. Aclaración: si la bebida elegida fuera vino, va a ser necesario un sacacorchos y una copa (caso contrario tomar del pico).

C- Apagar el teléfono celular, desenchufar el teléfono de línea y el portero eléctrico, cerrar las ventanas, bajar la térmica, alimentar a la mascota y en la habitación más lejana a nuestra ubicación encerrar a la familia (también a la mascota).

TERCERA REGLA: Consumación del hecho.

Como toda obra de arte, un buen baño debe comenzar de manera espontánea, sin pensar en “primero esto”, “segundo aquello”. A partir de ahora, todo es improvisación. Un florecimiento de la creatividad, un dejarse llevar por lo que el corazón dicte. Por ejemplo, no sería mala idea arrancar hojeando el libro mientras abrimos el agua fría y ese chorro helado en la espalda que arde como… y nos inspira a tomar el lápiz y el papel para anotar tan singulares insultos. Luego, vendría la graduación paulatina , la satisfacción. No debemos sorprendernos si repentinamente nos nacen unas ganas locas de premiarnos por tal valentía, tal vez con un bocadito dulce, un trago de vino y luego, sí, la reflexión necesaria, el aprendizaje constante: “Después de la tormenta, sale el sol”, “No hay mal que por bien no venga” y hasta tal vez decidamos coronar el buen momento con una canción, al unísono con la voz del radiograbador: “Todo concluye al fin, nada puede escapar…” (esa es mi preferida).

Categorías:Cuentos y Relatos

Esperanza

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Esperanza

Ven conmigo a curar la ciudad,
no tengas miedo,
no pongas excusas,
se que no somos nada
pero aun nos queda la ilusión.

Camina por estas calles,
pregunta que ha pasado,
donde están todos,
quien les ha robado los sueños,
yo los recuerdo,
eran hermosos,
estarán perdidos,
todavía esperando.

Diles que volverán,
que no pierdan la fe,
miente si es necesario,
di, por ejemplo, que la muerte se ha rendido,
que las armas ya no gobiernan.

Cuéntales de aquel mundo
en el que somos iguales,
que no pierdan mas tiempo,
que salgan ya de sus casas
y traigan solo lo importante.

Pero si aun no se atreven,
si no creen en tus palabras
y se burlan de ti,
esperanza, no te vayas, regresa.

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La Ciudad Respira

La Ciudad Respira

La Ciudad Respira

Me gusta la ciudad cuando todos han salido de sus trabajos y vuelven a casa en una vertiginosa carrera. Cadetes, oficinistas, secretarias. Todos huyen en estampida, como atletas, sorteando obstáculos y competidores menos veloces.

Y es inevitable que, en esos momentos, uno se sume a la competencia y comience a esquivar perezosos y pequeñas ancianas. Aunque sea imperceptible, la ciudad tiene ese poder de transformarnos. Nos convierte, sin darnos cuenta, en un rebaño de ovejas saliendo de un corral, disputando el pasto más verde o el lugar más ventilado del camión.

Sin embargo, a veces uno se da cuenta de estas cosas y decide apartarse del resto. Esperar a que las calles se despoblen y los ruidos desaparezcan. Son apenas unos minutos, las últimas ráfagas de los que apagan las luces y cierran las ventanas de las oficinas.

Solo a esas horas, cuando la tarde oscurece y cae detrás de los viejos edificios; cuando ya se distingue el borde de la luna como una aguja brillosa; solo entonces, se puede escuchar a la ciudad, realmente respirando.

Su sonido es maravilloso, necesario. Un coro de susurros lejanos que recorre calles y avenidas. Sin darnos cuenta nos envuelve por la espalda, nos besa en la frente mientras nos abraza. Su efecto es instantáneo: un enamoramiento abrumador, solo entendido en letras de tango.

La ciudad respira mientras sus enamorados la recorren: taxistas, vagabundos, buscadores de esperanza, prostitutas, borrachos, escritores; persiguen el perfume que va dejando a su paso, buscan su cara en todas las esquinas, la última caricia antes de que la noche termine.

Categorías:Cuentos y Relatos

Ellos

Los años

Ellos

Justo ahora que todo huele a hojas de bosque; ahora que es armonía; que por la ventana entra un vientito tan cálido y juguetón; que la noche está violeta y en cualquier momento caerá la lluvia; justo ahora, cuando éste minuto parecía eterno y me había olvidado de ellos por un instante…

Pero la carrera nunca termina. No se puede descansar. Las calles ya no son de chocolate, se han derretido y el Chapulín Colorado no nos salvará porque también sobre él han caído. Ellos ya han hecho su miserable trabajo y no hemos podido esquivar el pelotazo. Fue duro. De repente nos hicieron crecer, con la incertidumbre, con lo inevitable, con el –“No te pierdas”, -“No me perderé”. Pero era imposible no perderse, olvidar las promesas, morder el suelo y bañarse en llanto, llenarse el alma de amaneceres y miedos; luego despertar y ser los mismos, doblegados, casi vencidos. Pero rendirse siempre era una opción que nadie nos había dado. Tuvimos que bajar la cabeza, continuar.

Y mientras tanto ellos seguían allí, burlándose de nosotros. Enmascarados, tratando de persuadirnos, comprarnos, alquilarnos; queriendo llevarse nuestra identidad y nuestros pequeños sueños; planeando hacer de nosotros tristes objetos para usos varios: oficinistas de mate con edulcorante, padres de mal humor, esposos infieles, chantas, charlatanes, ciudadanos ejemplares…

En fin, los años nos persiguen. Será mejor no quedarnos quietos.

Categorías:Cuentos y Relatos

El camino de regreso

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Futuro Incierto II

¿Encontraría a La Maga?

Marcos tiene un sobre, lo ha traído en sus manos durante todo el viaje. Lo ha observado, lo ha presionado con fuerza. Cualquiera que lo viese, protegiéndolo de esa manera, no podría dejar de pensar que allí guarda algo de un enorme valor, un gran cheque o el mapa a un tesoro perdido.

Y el tren no deja de avanzar en la noche tormentosa. El ruido ensordecedor de ruedas y rieles se interrumpe de a ratos por uno mayor: el estallido de relámpagos cayendo como bombas en los alrededores.

Pero a Marcos no le interesa pensar en estas cosas, el sobre es lo único importante. Siente deseos de abrirlo, lo hace nerviosamente. Se distinguen dos hojas de papel, una blanca, arrugada, vieja, otra celeste, mucho mejor conservada. Marcos se decide por la primera pero inmediatamente lo aborda el temor, pequeño, soportable, pero temor al fin, una incertidumbre previa ante cualquier acto de envergadura. Trata de relajarse y estira su cuerpo hasta donde puede. Cierra sus ojos, quisiera pensar en otra cosa pero es inútil, una vez más, el recuerdo de La Maga lo rapta como un espíritu que vaga buscando un cuerpo del que apropiarse, y él no puede más que dejarse llevar.

La primera imagen llega a su cabeza, nítida, intacta, perfecta, como si los años no hubieran pasado, como si una parte de su cerebro estuviera reservada exclusivamente para ella:

Es una madrugada de verano, muy húmeda y calurosa, apenas un suspiro de viento y el resplandor azul entrando por la ventana, gravitando en el cuerpo desnudo de La Maga, que a esas horas dormía.

Marcos se pregunta cuánto ha pasado desde aquellos días, pero no lo sabe con precisión. De lo que no tiene dudas, ninguna duda, es del día en que la conoció. Era una mañana gris en la orilla del mar. Se sentaron en la arena y no pararon de hablar. Él le contó que pasaba unas vacaciones en esa ciudad. Ella lo escuchaba sin apartar la vista de esa mirada que le resultaba tan familiar, estaba segura de haber cruzado esos ojos en la multitud y haber tenido la misma sensación que ahora, una soledad demasiado pesada.

Se despidieron apenas por unas horas que fueron eternas. La noche los volvió a encontrar, esta vez en un diminuto departamento. Se amaron por primera vez, en silencio, con calma, guardando en la memoria aquel sabor irrepetible que nace con eso que llaman “amor”. Aquella noche, la soledad que los había cruzado como a perros de la calle, pareció morir en esa habitación.

A partir de aquel día ya no pudieron pasar demasiado tiempo separados. Marcos siempre volvía. Pasaban los días encerrados, no importaba otra cosa, nada que les demandara salir de los límites de la cama. A veces hasta llegaban a rodearla de provisiones, allí comían, reían, lloraban, jugaban, fumaban, leían incansablemente Rayuela, escuchaban a Sabina y las horas se escapan tan de prisa que dolían.

Pero Marcos no quiere pensar más, no lo soporta. Camina y se detiene entre dos vagones, abre una puerta, observa la noche. La tormenta ha pasado y en su lugar se distingue un cielo despejado y un viento que estremece su pecho. Necesita llorar aunque no lo admita, despojarse de la tristeza y tal vez así ordenar sus pensamientos, como si se tratase de expedientes pendientes de archivo. Enciende un cigarrillo y retoma el sobre. Saca la hoja blanca y, esta vez sí, se atreve a leer:

España, 15 de abril.
En este momento te estarás haciendo muchas preguntas.Tal vez debí escribirte antes, tal vez no sea el momento. No lo sé. Sólo te escribo.Quiero saber cómo has estado, si has llegado por fin al cielo de la Rayuela; ojalá que sí. Aquí los años más difíciles han pasado, para qué lamentarse. Ayer conocí el Mediterráneo, es cristalino y muy hermoso pero aún sin comparación con el agua de Mardel, tan triste y oscura. Siempre te recuerdo ahí, preguntándome qué veías en el horizonte… ¿has vuelto? Saludálo por mí. Maga.

Marcos guarda la hoja, piensa en la pregunta ¿Que si alguna vez había vuelto? ¡Tantas veces! La excusa siempre había sido ver el mar, descansar, pero en realidad era otra cosa, algo menos romántico. Tal vez, lo que en el fondo buscaba era eso: el fondo, hundirse, ahogar su corazón y su alma, morir por dentro lentamente, reprocharse en cada mesa de bar y frente a cada botella de alcohol no haberla seguido ni haberle pedido que se quedara con él. Ahora pagaba el precio de su cobardía, recorría la ciudad, la buscaba en cada rincón en donde hubiera habido un beso, se envenenaba con aquel sabor que alguna vez fue dulce. La esperaba aún sabiendo que no vendría, aún sabiendo que un océano perverso se la había robado, llevándola muy lejos.

Y el tren por fin llega. Piensa en tomar un taxi pero decide continuar a pie. El trayecto es corto y el amanecer no está nada mal. Camina por la ciudad reconociéndola algo distinta. Había dejado pasar un tiempo sin volver, algunos años tratando de recuperarse de los efectos Maga, del fantasma Maga, de la ciudad Maga.

A unas cuadras, distingue el mar y el sol saliendo pequeño en la inmensidad. Ya en la arena, escoge una escollera en particular y allí se sienta. Toma el sobre y lee la carta más reciente, la celeste:

España, 22 de diciembre.
Marcos, acabo de leer tu última carta.
Yo también lamento todos estos años. Sin embargo, estar aquí me ha enseñado que todo tiene una causa. A veces el tránsito es duro pero al final todo llega. La vida es como un mar y nosotros, sus olas. Pero hoy el viento ha cambiado nuestra dirección y ahora cuento los días (7) y las horas (13) que me separan de la playa en la que quiero estar. Espero encontrarte y que este futuro incierto continúe desde donde lo hemos dejado. Maga.

Marcos dobla la hoja y la guarda. Mira su reloj, es la hora pactada. Se pregunta si acaso encontrará a La Maga, y la respuesta no se hace esperar. Allí la ve, confundida con la luz de la mañana. Como un sueño repetido, como una visión, encuentra a La Maga corriendo hacia él.

El próximo avión que tomes conmigo lo tendrás que hacer,
y el camino de regreso yo te lo recordaré.
Yo te lo recordaré.

Ismael Serrano
Amo tanto la vida

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No te olvides de Madrid

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No te olvides de Madrid

Cuando el destino abra los caminos
y llegue la felicidad;
cuando encuentres tu refugio,
tu manera de vivir.

Cuando el mar suspire en tu cara
y alcances tu estrella fugaz;
cuando el temor desaparezca
y el humo se haya ido.

Cuando la memoria esté adormecida
y las heridas hayan sanado;
cuando los periódicos no lo recuerden
y marzo solo transcurra:
gris, azul o amarillo.

Y cuando ya estés viejo,
cuando pase otro invierno,
cuando pases por aquella ciudad;
no te olvides de Madrid,
donde los trenes se llevaron tantos sueños sin cumplir.

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