Cuando el destino abra los caminos
y llegue la felicidad;
cuando encuentres tu refugio,
tu manera de vivir.
Cuando el mar suspire en tu cara
y alcances tu estrella fugaz;
cuando el temor desaparezca
y el humo se haya ido.
Cuando la memoria esté adormecida
y las heridas hayan sanado;
cuando los periódicos no lo recuerden
y marzo solo transcurra:
gris, azul o amarillo.
Y cuando ya estés viejo,
cuando pase otro invierno,
cuando pases por aquella ciudad;
no te olvides de Madrid,
donde los trenes se llevaron tantos sueños sin cumplir.
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1 respuesta hasta el momento ↓
isabelbarcelo // 8 Febrero 2008 a 20:16
Es importante conservar la memoria, por encima del tiempo y de nuestras limitadas vidas. Hermoso poema. Saludos cordiales.