No muy lejos existe un muro,
gigantesco, impenetrable,
un monstruo de acero y hormigón
creado para saquear un pueblo.
Allí un ejército de bestias
se desplaza por una ciudad en ruinas;
sedientas, insaciables,
criaturas de un imperio sin piedad.
Detrás del muro existió un país,
pobre, pequeño, como cualquier otro.
Sus hombres y mujeres se enamoraban,
los niños eran libres, soñaban con crecer.
Detrás del muro,
antes brillaba una tierra antigua.
Por las tardes, la arena jugaba en el desierto;
por las noches, la luna dormía en una mezquita.
Detrás del muro,
otro muro igual de infame:
los ojos del mundo y su indiferencia.





3 respuestas hasta el momento ↓
isabelbarcelo // 18 Febrero 2008 a 16:36
Te felicito por esta denuncia sobre la situación palestina. No sólo es inmoral en sí misma, sino que la inmoralidad aumenta día a día por la pasividad de todos nosotros. Nó sé qué podremos responder a nuestros nietos cuando nos pregunten.
Saludos solidarios.
Jorge Daniel Córdoba // 5 Junio 2009 a 01:24
Grillitos en las noches
Huesos visibles,
sinfonía de la noche.
Ebrias van las ruedas de sus vidas
por caminos cenicientos,
peregrinos del rejunte.
Mala pata
—aunque dicen que da suerte
pisar mierda de los perros—,
ellos siguen
abocados a sus grillos,
subsistiendo como Darwin.
Vituperio a la pelambre,
mal aspecto da la cáscara.
Peroratas
por ser hijos del cartón,
del frío hecho basura.
Huesitos visibles,
bostezo blanco y celeste,
soñadores.
Ya no pueden embolsarles el saltito,
defasaje del billete,
monedita nacional.
Autor: Jorge Daniel Córdoba
Jorge Daniel Córdoba // 6 Junio 2009 a 00:23
“En Argentina ser un drogadicto
es ser un hombre muerto”
Diego Armando Maradona
30/10/2004
Hechizo de barro
No fue Harry Potter ni corsario.
Abriendo marcadores en las tardes de Fiorito,
fue hechizo
de barro en el potrero.
Y partió en un saque
para Europa.
Llegó a España
zapateando como Gades,
en Italia Marcelo Mastroianni,
Osvaldo Pugliese en la gambeta.
Pero esa voluntad
neurótica,
carnal,
le anestesió la vida en la palabra,
fue hundiéndole el puñal,
¡su piel ya no es de camiseta!
En Méjico
la reina quiso darle jaque mate.
Con su mano
Latinoamericana
repuso al niño en la pelota,
desafiando a la corona,
manoteando ese balón.
Y los alfiles y peones
rasantes lo corrieron,
punzaron sus garrones,
le arrancaron la pelusa,
¡quisieron degollarte!
hechizo de barro,
de potrero.
Y amagando como el toro ante el acecho,
danzando
como el cisne ante la vida,
eludió a la infracción
en una suerte de poesía suave
y brutal.
Esa zurda
le dio voz de cañón a la pelota,
liberó del gatillo a la verdad.
De esas manos
que extasiadas por la trampa
socavan alegrías.
Y hechizó los corazones,
empujando a la fe en el aplauso.
También Dios se lo creía.
Aquí nos inflábamos el pecho,
elevábamos banderas desmayadas.
Pero al final,
si, al final,
otra vez gambeteás a la crueldad.
A ese efecto nasal
que todo se lo diste
cuando lo pidió.
Jorge Daniel Córdoba