TARDES GRISES

Detrás del Muro

18 Febrero 2008 · 3 comentarios

Detrás del Muro

No muy lejos existe un muro,
gigantesco, impenetrable,
un monstruo de acero y hormigón
creado para saquear un pueblo.

Allí un ejército de bestias
se desplaza por una ciudad en ruinas;
sedientas, insaciables,
criaturas de un imperio sin piedad.

Detrás del muro existió un país,
pobre, pequeño, como cualquier otro.
Sus hombres y mujeres se enamoraban,
los niños eran libres, soñaban con crecer.

Detrás del muro,
antes brillaba una tierra antigua.
Por las tardes, la arena jugaba en el desierto;
por las noches, la luna dormía en una mezquita.

Detrás del muro,
otro muro igual de infame:
los ojos del mundo y su indiferencia.

Categorías: Poesías
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3 respuestas hasta el momento ↓

  • isabelbarcelo // 18 Febrero 2008 a 16:36

    Te felicito por esta denuncia sobre la situación palestina. No sólo es inmoral en sí misma, sino que la inmoralidad aumenta día a día por la pasividad de todos nosotros. Nó sé qué podremos responder a nuestros nietos cuando nos pregunten.
    Saludos solidarios.

  • Jorge Daniel Córdoba // 5 Junio 2009 a 01:24

    Grillitos en las noches

    Huesos visibles,
    sinfonía de la noche.
    Ebrias van las ruedas de sus vidas
    por caminos cenicientos,
    peregrinos del rejunte.

    Mala pata
    —aunque dicen que da suerte
    pisar mierda de los perros—,
    ellos siguen
    abocados a sus grillos,
    subsistiendo como Darwin.

    Vituperio a la pelambre,
    mal aspecto da la cáscara.
    Peroratas
    por ser hijos del cartón,
    del frío hecho basura.

    Huesitos visibles,
    bostezo blanco y celeste,
    soñadores.
    Ya no pueden embolsarles el saltito,
    defasaje del billete,
    monedita nacional.

    Autor: Jorge Daniel Córdoba

  • Jorge Daniel Córdoba // 6 Junio 2009 a 00:23

    “En Argentina ser un drogadicto

    es ser un hombre muerto”

    Diego Armando Maradona
    30/10/2004

    Hechizo de barro

    No fue Harry Potter ni corsario.
    Abriendo marcadores en las tardes de Fiorito,
    fue hechizo
    de barro en el potrero.

    Y partió en un saque
    para Europa.
    Llegó a España
    zapateando como Gades,
    en Italia Marcelo Mastroianni,
    Osvaldo Pugliese en la gambeta.
    Pero esa voluntad
    neurótica,
    carnal,
    le anestesió la vida en la palabra,
    fue hundiéndole el puñal,
    ¡su piel ya no es de camiseta!
    En Méjico
    la reina quiso darle jaque mate.
    Con su mano
    Latinoamericana
    repuso al niño en la pelota,
    desafiando a la corona,
    manoteando ese balón.
    Y los alfiles y peones
    rasantes lo corrieron,
    punzaron sus garrones,
    le arrancaron la pelusa,
    ¡quisieron degollarte!
    hechizo de barro,
    de potrero.
    Y amagando como el toro ante el acecho,
    danzando
    como el cisne ante la vida,
    eludió a la infracción
    en una suerte de poesía suave
    y brutal.
    Esa zurda
    le dio voz de cañón a la pelota,
    liberó del gatillo a la verdad.
    De esas manos
    que extasiadas por la trampa
    socavan alegrías.
    Y hechizó los corazones,
    empujando a la fe en el aplauso.
    También Dios se lo creía.
    Aquí nos inflábamos el pecho,
    elevábamos banderas desmayadas.
    Pero al final,
    si, al final,
    otra vez gambeteás a la crueldad.
    A ese efecto nasal
    que todo se lo diste
    cuando lo pidió.

    Jorge Daniel Córdoba

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