Sobre la utopía de otro mundo posible
Que el mundo vaya a cambiar parece ser una utopía que solo se atreven a imaginar los locos, los que piensan que no habrá más coches bombas ni bombardeos preventivos ni hambre ni pobreza. Ciertamente, a veces esta idea se parece a una locura, un mundo demasiado lejano del que tal vez, por ahora, ni siquiera seamos dignos…
Hace poco vi un documental acerca de la vida y la obra del poeta argentino, Juan Gelman. En un tramo del video, Gelman reflexiona sobre las luchas a lo largo de la historia y se declara en contra de los que hablan sobre el fin de la utopía. Dice que “a lo mejor, la función de la utopía es su fracaso, para dar paso a una utopía mejor”. Y continua “no se puede recortar la capacidad de soñar en la personas, la voluntad de un cambio”, “podrá pasar un tiempo en el que todo eso no aflore, un período más corto o más largo, pero al final terminará aflorando”.
Recuerdo estas palabras y pienso en aquel Mayo francés, cuando se enarbolaba la consigna: “La imaginación al poder”, “seamos realistas, logremos lo imposible”. Pienso en aquella Cuba, tal vez la única utopía todavía en pie. O aquí más cerca, la crisis Argentina del 2001 cuando el pueblo reclamó una renovación de la dirigencia política…
Yo creo que otro mundo es posible. Estoy allí casi todas las noches, antes de que el cansancio y el sueño me lo arrebaten. Lo descubrí por casualidad, como quien se desvela y necesita pensar en cualquier cosa para dormirse. Pero con el tiempo se me fue convirtiendo en una costumbre necesaria. Y es en días como estos, tan manchados de sangre, tan difíciles de respirar, cuando me quedo más tiempo de aquel lado, ultimando detalles, encarcelando asesinos, destruyendo las últimas armas.
Sin embargo estas historias son producto de mi fantasía, un intento por mantener con vida el débil fuego de la esperanza, una lucha contra el andar de la realidad inexorable.
Yo no sé si un verdadero mundo mejor es posible. Quizá la locura sea la solución, que ella se transforme en una epidemia y que nadie se atreva a intentar sanarnos.









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