El Deseo
Abril 11, 2008 por Maximiliano Saavedra
La noche siempre los aguarda,
cómplice, silenciosa,
el mismo hotel,
las mismas ganas,
no hay arrepentimientos,
el deseo los ha traído y
el deseo recién comienza.
Se quitan la ropa,
las ataduras pesadas,
cualquier rastro de otra vida.
Ansiosos, inician el juego,
una mano se libera,
no soporta la distancia,
otra mano la espera,
se chocan,
se reconocen,
hay un instante de paz,
una tregua necesaria,
un alimentar el fuego con calma,
pero las llamas se expanden,
persiguen sombras,
rincones del cuerpo;
y el calor aumenta;
se arrojan a la cama,
nadan en un mar de sábanas blancas,
una mano se escurre,
solitaria, intuitiva,
esperaba el momento y
ahora logra su cometido,
las siluetas se quiebran,
se deshacen en suspiros,
se abrazan, se besan,
se muerden los labios,
saborean una fruta deliciosa,
pero esa fruta se acaba y
la sed no disminuye.
Sus bocas necesitan agua,
emprenden un viaje incierto,
recorren la piel,
descubren dulces ríos,
pero el agua se transforma en sal y
la sal en vino,
entonces enloquecen,
ya no lo soportan.
Entre el deseo y lo prohibido,
nacen y mueren los amantes.


![[Necesaria] p/Gustavo Camacho](http://bp2.blogger.com/_qWYzdvNcFeM/SByXfCBoOpI/AAAAAAAAAZI/2QT8DTTd-EE/S1600-R/necesaria-pie.jpg)







Nacer y Morir.
Tambien utilizo mucho estos verbos como dicotomia de la accion sexual.
Me gusto mucho tu poema. Volveré a leerte en el futuro.
De haber besado los labios de ella, quizás hubiese muerto sólo para que nada opaque el privilegio.
Me alegra el uso que has dado a mi obsequio. Por si te parece oscuro.
Gracias.
Has logrado muy bien crear la imagen de esa tensa sujeción del deseo para hacer más enloquecedora su consecución. Y esa sed… Saludos cordiales.