Esta es una historia de tono oscuro,
de venganza, amor y rouge;
una historia que sigue viva en alguna esquina.
Se llamaba María;
no era una santa y
tampoco usaba polleras largas;
un cuerpo así se debía compartir.
Era una chica de triste mirada y
blanca piel,
pelo platinado,
a veces negro,
también lo usaba color café.
Aunque, a decir verdad,
nada de esto era importante;
ella tenía un gran secreto,
una pregunta que lanzaba como una bala:
“¿Cuánto falta para el amor?”
Y aquí aparece un pobre fulanito,
entre amigos y alcohol,
picando en el anzuelo de la curiosidad.
Según la historia, María buscaba
en los hombres lo que otro le negó.
Descontento del cuento y
con el valor de unas copas de más,
se lanzó a buscar a esta misteriosa mujer.
La encontró en una esquina,
vestida de dudosa castidad,
perfecta como una pieza de ajedrez:
escote pronunciado,
medias de red.
Él movió primero,
no pudo esperar:
-Aquí hace frío, te invito un café.
Y ella, consciente de su encanto,
lanzó una carcajada que fue como
una bofetada de amor.
Caminaron varias cuadras,
tan rápido que la lluvia no los tocó.
Por fin llegaron;
era una oscura habitación.
Ella encendió unas velas y
sin aviso se desnudó.
Aquella noche,
María no necesitó preguntar,
aquel fulanito la amaba y
ella había encontrado su libertad.
Cuando despertó, el día era gris y
la lluvia seguía entristeciendo la ciudad.
Quiso abrazarla pero ya no estaba;
en su lugar encontró una nota y
un beso rojo como punto final:
“Ojalá puedas perdonar mi traición”.
El fulanito todavía la espera,
siempre en la misma esquina.
Lleva flores en la mano
y el perfume de aquel cuerpo en la piel.





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