Cada cierto tiempo necesito ver el mar, pero no cualquiera sino el más gris, el de una ciudad llamada Mar del Plata. Entre el rumor de las olas y los enormes pliegues de espuma suelo encontrar las respuestas que necesito.
A él le debo los mejores recuerdos de mi vida y el regalo más hermoso, Vero. Este último fin de semana nos hemos vuelto a cruzar, apenas unas horas, las necesarias para compartir unos cigarrillos y mirar hacia atrás.
Alguien dice que Mar del Plata es una ciudad de tránsito en la que no se puede permanecer demasiado tiempo, uno la visita sólo por un motivo, cerrar ciclos. Y pienso que es así.
Miro hacia arriba mientras cae la llovizna. En pocas horas la ciudad volverá a quedar casi vacía. Quienes han venido a cerrar sus ciclos regresarán a casa con el alma menos agobiada, otros, lo intentaremos la próxima vez.





1 respuesta hasta el momento ↓
AGRA // 19 Octubre 2008 a 04:45
Los constantes ciclos de la vida, el amor y el desamor, la alegría y la tristeza, la compañía y la soledad… A veces elegimos, otras muchas, la mayoría, el destino nos lleva a un lado u a otro sin avisar y anhelando estar en el otro. Lo malo de los ciclos es que los identificamos con lugares, lugares que pese al paso del tiempo siempre nos traerán el recuerdo de ciclos pasados, de rostros no olvidados…
Bonito texto.
Un saludo,
Agra