Tan joven y tan viejo
Por haber nacido un 29 de febrero, voy a tener que responder la misma pregunta el resto de mi vida, que día festejo mi cumpleaños cuando no es un año bisiesto. Y no es que me queje ya que la pregunta demuestra cierto grado de interés por parte de quien la formula. Sin embargo, no deja de sorprenderme que esta pregunta también la realicen quienes me conocen hace años, como si se les borrara de la mente mi respuesta, aún cuando la haya repetido diez veces en los últimos diez años.
A veces me imagino con 80 años, en una casa sombría y con olor a naftalina, respondiéndole a mi bisnieto la misma pregunta antes hecha por su padre y su abuelo: “¿Pero vos que día lo festejas, abuelito, el veintiocho de febrero o el primero de marzo?”. Lejos de molestarme, me seguirá dando mucha gracia.
Más allá de esto, en realidad, el único problema con cumplir años es ir sumando, sumando y sumando, como si se tratara de una inversión con un éxito asegurado. En mi caso, la suma siempre me ha causado rechazo. Ahora que lo pienso, tal vez por eso odiaba tanto las matemáticas en la secundaria. Leer más…




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