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La crónica de una canción

pobreza

VOLVER A EMPEZAR

El drama de la libertad

Juan Carlos pasó los últimos tres años de su vida encerrado en la Cárcel de Olmos. Con su condena cumplida, ahora busca una segunda oportunidad. ¿Alguien se la brindará?.

En la Argentina, las estadísticas arrojan un resultado inquietante: sólo un pequeño puñado de ex presidiarios no vuelve a incurrir en delitos. Los especialistas en la materia le atribuyen varias razones a este fenómeno. Por un lado, el entorno que se desenvuelven estas personas, por otro lado la falta de oportunidades laborales y un Estado carente de políticas de inserción. Su caso parece estar signado por la segunda de estas reglas.

Luego de dos meses de infructuosos intentos, el trabajo no aparece y Juan comienza a desmoralizarse. Ha caído en un hueco del sistema y teme no poder salir a tiempo.

Todas las mañanas, salvo los domingos y feriados, su esposa lo despierta apenas canta el gallo del vecino. Casi con los ojos pegados de lagañas, su primera acción del día es ir a buscar agua de la bomba y ponerla a calentar en una olla. Mientras el agua se atempera, se afeita en seco y se va hasta el kiosco de revistas de un buen amigo que siempre le regala los clasificados sobrantes del día anterior.

Cuando vuelve, el agua ya está lista para bañarse. Pero antes un cigarrillo bien armado con lo último de tabaco , unos mates amargos y a leer un rato el diario a ver que salió, ayer.

¿Todas las mañanas hacés lo mismo? -Si, salvo que no aiga gas en la bombona, ahí se me complica todo.

¿Qué expectativas tenés para hoy? -Sólo las que me quedan. La cosa esta fulera. ¿Quién le va a pagar a un viejo de 50 años que tiene hasta sesto grado nomás?.

Quién te dice, capaz….
-No, pibe, gracias. A mi ya me jubilaron de prepo pero no me la quiero entender. Si salgo a buscar lo hago por ella -señalando una habitación que permanece a oscuras-, por la Mirta. Pobrecita, va todos los días a la iglesia; deja cincuenta centavos, a veces un peso… Yo le digo que no sea boluda, que guarde las chauchas que hace con el tema de la costura pero no… Es cabeza dura como yo, si…

Pero mira si hoy los santos se deciden a escucharla..
- Yo ya estoy muerto. Lo único que me va a regalar el cielo es una cruz para que vaya yendo al cementerio. Lo peor es que yo ya se adonde tengo que ir a buscar laburo… y también se como va a terminar todo.

Juan baja su mirada mientras su rostro se llena de sombras y de arrugas que antes no estaban; hay un silencio que no necesita adjetivo, tal vez sólo pueda asemejarse a la desesperanza, el cansancio, el desconsuelo, pero no, aún no se podría llenar el vacío.

Este texto es el resultado de un ejercicio de redacción periodística. La consigna era elaborar una crónica a partir de la historia de una canción a elección. En mi caso, elegí “Mirta de regreso” (letra), una de las mejores canciones del rock argentino, escrita por Adrián Abonizio y célebre por la interpretación de Juan Carlos Baglietto.

A continuación les dejo un poco de muy buena música de mi gran amigo, Pablo Rodríguez. La primera canción es una joya que fue grabada una tarde de 2001, de improviso y en condiciones que merecerían una crónica aparte. En la guitarra eléctrica, David, en la guitarra criolla y en la voz, Pablo. La segunda canción pertenece al último disco de Pablo, “El Bar de la Condena”. Y la tercera, la conocen todos, casi un himno nacional de Víctor Heredia.

Mirta de Regreso | Interpretada por Pablo Rodríguez

Porque aún nos amamos | Letra y música de Pablo Rodríguez

Sobreviviendo | Interpretada por Pablo Rodríguez

Categorías:Diario de Viaje
  1. mary
    7 Septiembre 2009 a las 17:18 | #1

    de hecho debo confesar que los temas de pablo rodriguez me pueden y mucho, además estoy en sintonia por mis pequeños 42 años gracias por alegrarme el día.
    mary

  2. 16 Octubre 2009 a las 00:56 | #2

    Siempre es bueno escuchar a Pablo, sus canciones me traen muchos recuerdos de grandes Revoluciones compartidas. Le debo a la vida haber conocido a este gran amigo, camarada y referente.

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