Algo inédito ocurrió ayer en 6,7,8: un antikirchnerista visitó el programa. Se trata de la intelectual argentina Beatriz Sarlo, que además es una de las plumas de mayor peso dentro del diario La Nación. ¿Hacía falta algo más para que la propuesta fuera, como mínimo, muy interesante? Había más. Como invitados también asistieron un gladiador oficialista en cuestiones de debate, Gabriel Mariotto, y el filósofo de Carta Abierta, Ricardo Forster.
El debate propiamente dicho comenzó después de que Luciano Galende, conductor del ciclo, presentara un informe acerca de las protestas de los indignados en España. Por supuesto, como suele ocurrir en el programa producido por Diego Gvirtz, se presentaban los hechos desde una mirada parcial y, en este caso, con un relato que intentaba dejar al descubierto la banalización con la que los medios españoles cubrieron las protestas.
En el video, seguido atentamente por los panelistas, también aparecían declaraciones de los indignados recogidas por corresponsales especiales de 6,7,8 en España: «estamos hartos de los grandes grupos de comunicación, que nos engañan, nos manipulan y hacen demagogia a costa de nuestros impuestos, a costa de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestra ética», manifestaba una joven en el acampe nocturno de la Puerta del Sol. Es paradójico, pero si esa frase fuera tomada en nuestro contexto local, y con algún que otro pequeño corte de edición previo, bien podría ser utilizada por cualquiera de los bandos del periodismo argentino. Una rareza de la disputa que estamos viviendo.
Bueno, Beatriz, qué opina del informe, le preguntaron. Y la escritora, incluso consciente de su condición de visitante y de la desventaja cuantitativa de aliados (8 a 1), respondió sin siquiera demostrar una pelusa de nerviosismo en la voz: «Lo que opino del informe es lo que opino en general de los informes de este programa (6,7,8). Es decir, que son recortes en los cuales faltan las fuentes, en los cuales se repite siempre el mismo mensaje». Según Sarlo, todos estos factores imposibilitan una cabal comprensión sobre los sucesos que se están desarrollando en España.
El primero en salir al cruce fue Mariotto (Director de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual), que comenzó la defensa del informe con un tono demasiado mesurado para el “belicoso” Mariotto que conocemos y disfrutamos. Quizá, (y estoy especulando), antes de comenzar el programa alguien haya bajado una línea de no agresión a la invitada o simplemente haya habido un acuerdo tácito en tal sentido. Pero en el caso de Mariotto, si acaso existió ese arreglo, se diluyó en su segunda intervención cuando dejó desbarrancar la diplomacia y apareció en la mesa el primer intercambio verbal fuerte: «Yo no sé si es que las editoriales de Magnetto le dan letra a usted, o es usted la que le da letra a las editoriales de Magnetto», tiró el funcionario. «Mirá, a mi no me da letra nadie, no seas insolente, no seas insolente», replicó Sarlo, que aún en ese momento mantuvo la elegancia de su tono.
Ya promediando la mitad del programa aparecieron las primeras coincidencias. Hasta ese momento, como era de esperarse, todos los sentidos estaban puestos a la defensiva y en una constante tensión. Es que todo fue un hecho novedoso, nunca antes el programa se había sometido a una mirada antagónica a la suya, mucho menos cuerpo a cuerpo, y mucho menos con alguien de esta relevancia y capacidad de análisis.
Quedó demostrado que el resultado de abrir el debate y lograr la pluralidad de opiniones fue bueno para ambos lados, sobre todo para nosotros los televidentes. Y más allá de las razones que tuvieran para hacerlo (a Sarlo no le viene mal que su aparición tenga rebote en los medios, que también hablarán de su nuevo libro sobre Néstor Kirchner, Néstor Kirchner, la audacia y el cálculo; y Diego Gvirtz, por su parte, también sabrá sacarle rédito), debería implementarse como una sana costumbre.
Videos del programa entero de 6,7,8 con Beatriz Sarlo


La realidad va demostrando la calidad de 6 7 8 un programa tan amplio diverso y sincero de verdad.Lo del martes pasado fué apoteotico todos estuvieron brillantes dando un buen ejemplo de capacidad intelectual pocas veces (o ninguna)visto
Gracias,Muchas Gracias 6 7 8.
Más allá de alguna excepción, es muy valorable el respeto con el cual se trataron. Quedó demostrado que no hace falta denigrar ni menospreciar al otro para defender una postura, algo que por ejemplo no pasa en los debates entre políticos del oficialismo y la oposición.
Asimismo, no hay que dejar de observar las repercusiones que tuvo este tema en los medios. Por un lado, se valoró lo inédito y enriquecedor que había resultado la idea de sentar en el programa más oficialista a una intelectual opositora al kirchnerismo. Por otro lado, sin embargo, aparecieron las miserias humanas, los que intentan sacar tajada y con esa actitud restar importancia a lo ocurrido.
Acá una crítica desde la izquierda al debate Sarlo-6 7 8:
http://www.ips.org.ar/?p=2255
saludos,
DP
El programa tiene lo suyo y también es propagandista . Lo unico malo que tiene eso es que se nota y mucho. Si bien todos en general podemos tener cierta adhesión a este gobierno , esta mal que se utilice la televisión pública (no del estado) para hacer programas partidarios siendo poco diverso con las demás orientaciones políticas a la cual muchos pueden o no estar adheridos.
Por otro lado este debate me pareció muy distinto a los otros y como espectador me gusta ver este tipo de invitados y debates.