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Archivo para la Categoría "Poesías"

Cromañón

Cromañón

Voy a la luz.
Camino entre humo y fuego,
entre gritos y llantos ahogados.

Voy a la luz.
Y aunque es difícil distinguirla,
no puedo detenerme,
no puedo parar,
voy por vos,
por el miedo de perderte
y de que me pierdas.

Voy a la luz.
Pero ella también se debilita,
voy presintiendo el final.
Quién llenará mi ausencia?.
¿Quién te rescatará de tanta la soledad?.

Voy a la luz.
Pero todo se cae,
mis manos, mis piernas;
ojalá pudiera descansar,
sentir tus dedos en mi pelo,
dormir como antes, a tu lado.

Voy a la luz.
Vuelo a la luz pero algo me detiene,
alguien me habla,
me pide que respire.

Abro los ojos y me descubro con vida,
veo un cielo plomizo de tristeza,
un Cromañón ardiendo
y cientos de ángeles volando alrededor.

La noche del 30 de diciembre del año 2004, en un boliche de Buenos Aires llamado “República de Cromañón”, murieron 194 personas mientras presenciaban el recital de la banda de rock “Callejeros”. Video.

Ayer, Omar Chabán, dueño del boliche y principal responsable de la tragedia, reapareció en la escena pública. Fue filmado mientras se encontraba disfrutando de su cena y de su libertad. Cuando veo estas cosas, la impotencia y la repulsión me hacen descreer de la justicia que se imparte en los tribunales. Sin embargo, hay una certeza que me consuela, la fuerza de los padres huérfanos de hijos, que jamás descansarán hasta que la justicia haga lo que deberia hacer.

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Otro día sin el Che

Ernesto Guevara en su casa de Palermo (calle Araoz 2180). Allí vivió hasta 1953

Así como ha nacido,
este día también morirá,
se irá en silencio,
se llevará la lluvia,
el relámpago oscuro.

Detrás quedará mi sombra,
mis ojos cansados,
las manos vencidas.

Hoy moriremos todos,
la ciudad nos arrastrará como siempre,
seremos miles,
nos seguirán mintiendo,
seguiremos solos.

Tu ausencia será gigante,
volveré a casa moribundo,
te buscaré en la noche,
iluminarás en lo oscuro.

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Las Manos

Las Manos

Hay manos traicioneras,
manos sin memoria,
manos que han vendido hasta sus ideas,
ahora se mueven en tenebrosas oficinas,
forman alianzas, cuentan billetes,
pobres manos vacías.

Hay manos crueles,
manos manchadas de sangre,
como las de aquel dictador chileno,
manos asesinas que ahora lanzan misiles.

También las hay dignas,
no se callan ni se esconden del frío,
manos castigadas que reclaman lo suyo,
manos del trabajador.

Pero nada como tus manos,
cuando vuelvo del abismo,
tan pequeñas y tan fuertes,
descubren donde traigo las heridas.

Y hay manos libres,
lo dieron todo por un sueño,
hoy son de fuego,
ya se han vuelto inmortales.

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Rudina, Hana, Saleh, Musab

Un tanque isaraeli dispara contra una casa en Gaza

Estos nombres pertenecen a los niños Palestinos asesinados en el día de ayer como consecuencia de un ataque militar del ejército israelí en la Franja de Gaza. Los cuatro hermanos, de edades entre los 5 años y los 15 meses, murieron mientras se encontraban desayunando junto a su madre, Miassar, también victima fatal de las explosiones, y otros dos hermanos que sobrevivieron con graves heridas. En días así, sólo un deseo:

Quédate Lejos

Aleja tus manos de plomo,
siéntate en las sombras,
en el suelo de tu conquista.
Mira en lo que te has convertido,
lo que has hecho con mis pobres hermanos.

Tu poder se acabará en la mañana,
la libertad hará caer tu corona,
esta es tu última noche,
la última tempestad en el mundo.

Mañana corre,
huye de todo lugar conocido,
cuando la lluvia escampe
y el cielo se despeje,
buscarán tu rostro bajo la luz del sol.

Ahora acércate si quieres,
pero al amanecer vendrán,
todos vendrán,
de la tumba, del cielo, del mar,
el niño, el amor, la paz.

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Las cenizas

Las cenizas

No se podía volver atrás,
una mañana despertaron
y ya no eran los mismos,
algo había escapado mientras dormían.

Ayer, dos lobos devorándose,
cuatro paredes y un colchón,
no necesitaban nada más,
el mundo podía dejar de existir.

Ahora capitalismo salvaje.
Caricias con impuestos,
bocas que cobran peaje,
saldos de besos en liquidación.

Ayer el amor sin reproches;
él le susurraba versos al oído,
ella lloraba y lo miraba tiernamente.

Ahora revuelven cajones de la casa,
se buscan con tristeza en viejas fotos.
El frío de una duda los atraviesa con su filo:
¿dónde fue que nos perdimos?.

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La despedida

Despedida

Aquella noche luchaba contra lo inevitable,
soñaba lo imposible para calmar el dolor,
imaginaba que, tras el ventanal, jamás la vería llegar,
que afuera el mundo estallaba,
que las calles se cubrían de escombros,
que ella jamás encontraría el camino hacia aquel bar.

Se sentía seguro,
sus propios delirios lo convencían.
Entonces solo bastaba contemplar la lluvia,
la marcha de oscuros paraguas,
fumar sin ninguna prisa,
beber hasta el último rastro de café.

Ya no importaba que los minutos pasaran,
se engañaba imaginándola en casa,
desarmando valijas,
preparando la cena,
preocupada, porque él tardaba en regresar.

Pero como siempre sucede,
la ciudad no se detendría;
el tiempo seguiría borrando huellas,
sumando despedidas;
nadie se preguntará que fue de ellos,
¿por qué tuvo que pasar?.

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El Fulanito de María

EL Fulanito de María

Esta es una historia de tono oscuro,
de venganza, amor y rouge;
una historia que sigue viva en alguna esquina.

Se llamaba María;
no era una santa y
tampoco usaba polleras largas;
un cuerpo así se debía compartir.

Era una chica de triste mirada y
blanca piel,
pelo platinado,
a veces negro,
también lo usaba color café.

Aunque, a decir verdad,
nada de esto era importante;
ella tenía un gran secreto,
una pregunta que lanzaba como una bala:
“¿Cuánto falta para el amor?”

Y aquí aparece un pobre fulanito,
entre amigos y alcohol,
picando en el anzuelo de la curiosidad.
Según la historia, María buscaba
en los hombres lo que otro le negó.

Descontento del cuento y
con el valor de unas copas de más,
se lanzó a buscar a esta misteriosa mujer.

La encontró en una esquina,
vestida de dudosa castidad,
perfecta como una pieza de ajedrez:
escote pronunciado,
medias de red.

Él movió primero,
no pudo esperar:
-Aquí hace frío, te invito un café.
Y ella, consciente de su encanto,
lanzó una carcajada que fue como
una bofetada de amor.

Caminaron varias cuadras,
tan rápido que la lluvia no los tocó.
Por fin llegaron;
era una oscura habitación.
Ella encendió unas velas y
sin aviso se desnudó.

Aquella noche,
María no necesitó preguntar,
aquel fulanito la amaba y
ella había encontrado su libertad.

Cuando despertó, el día era gris y
la lluvia seguía entristeciendo la ciudad.
Quiso abrazarla pero ya no estaba;
en su lugar encontró una nota y
un beso rojo como punto final:
“Ojalá puedas perdonar mi traición”.

El fulanito todavía la espera,
siempre en la misma esquina.
Lleva flores en la mano
y el perfume de aquel cuerpo en la piel.

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El Deseo

El Deseo

La noche siempre los aguarda,
cómplice, silenciosa,
el mismo hotel,
las mismas ganas,
no hay arrepentimientos,
el deseo los ha traído y
el deseo recién comienza.
Se quitan la ropa,
las ataduras pesadas,
cualquier rastro de otra vida.
Ansiosos, inician el juego,
una mano se libera,
no soporta la distancia,
otra mano la espera,
se chocan,
se reconocen,
hay un instante de paz,
una tregua necesaria,
un alimentar el fuego con calma,
pero las llamas se expanden,
persiguen sombras,
rincones del cuerpo;
y el calor aumenta;
se arrojan a la cama,
nadan en un mar de sábanas blancas,
una mano se escurre,
solitaria, intuitiva,
esperaba el momento y
ahora logra su cometido,
las siluetas se quiebran,
se deshacen en suspiros,
se abrazan, se besan,
se muerden los labios,
saborean una fruta deliciosa,
pero esa fruta se acaba y
la sed no disminuye.
Sus bocas necesitan agua,
emprenden un viaje incierto,
recorren la piel,
descubren dulces ríos,
pero el agua se transforma en sal y
la sal en vino,
entonces enloquecen,
ya no lo soportan.
Entre el deseo y lo prohibido,
nacen y mueren los amantes.

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Nos perdimos

Nos perdimos

Geográficamente,
nos perdimos,
tomaste Rawson,
estabas nerviosa,
tu cuerpo aún temblaba
y un nudo jodía en la garganta.
Yo fui por Colón,
hacia la estación,
estaba cansado,
entré a un viejo bar,
recordé tus gritos,
tus reproches,
tu espalda alejándose en la oscuridad.
Llegaste a una esquina que no querías cruzar,
allí me dijiste que volveríamos a sufrir,
ahora tus lágrimas te daban la razón,
comenzaste a correr.

Ideológicamente,
nos perdimos,
siempre votaste a la derecha,
decías que gracias a ellos pudiste viajar,
sacarte una foto en el Big Ben,
comprar porcelana fina en Kaifeng.
Yo preferí ir con el viento,
en dirección al mar,
a Europa no viajé aunque arte no faltó,
respeté la memoria,
odié el perdón,
siempre extraño a Guevara
y lloré sin lágrimas por Jara.
Te aburrías con Silvio,
llamabas dictador a Fidel,
pero un día viste a un niño sangrar por tv,
todo perdió sentido, valor,
te volviste a perder.

Pasaron los años,
volví a buscarte a la misma ciudad.
Y aunque nunca pude encontrarte;
y aunque morí más de una vez,
hay algo que no me puedo perdonar,
perdernos,
perderte,
perder.

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Verónica

Verónica del Mar

Verónica

Verónica es hermosa,
como una panza de noveno mes,
como un árbol de papel glasé,
es una casa con chimenea, perro y jardín,
el sueño de Jesús antes de resucitar;
pero no tardes tanto en regresar,
la vida nos lleva,
es una escalera mecánica que no tiene fin,
ya es hora de bajar.

Verónica es odiada,
es el trauma de Freud,
el corazón que Cupido no pudo flechar,
la poesía que Neruda rompió por falta de inspiración,
la batalla que perdió Napoleón;
pero no tardes tanto en regresar,
lo peor de la noche es tu voz,
las sábanas frías,
la casa vacía.

Verónica es especial,
es el milagro que la ciencia no sabe explicar,
un secreto entre dioses,
el misterio de Keops,
un rosedal en el desierto del Sahara,
la vida después de morir,
es Bush con una remera del Che;
pero no tardes tanto en regresar,
no huyas,
aparece de una vez.

Verónica es pequeña,
como un cuaderno de preescolar,
como el bostezo de un pez,
como los nudillos de un bebé;
pero no tardes tanto en regresar,
ya sabes,
la poesía acaba aquí,
basta de lápiz y papel,
vuelve pronto,
no resistiré una noche más.

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Soledad de Buenos Aires

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Buenos Aires

Buenos Aires despierta,
querida, inalcanzable;
otra vez su mirada fue testigo de historias
que siempre acaban de la misma manera.

La ciudad amanece convertida en una casa gigante.
Calles que parecen patios y
veredas que parecen camas.
Así viven nuestros hermanos,
aunque nadie los escuche,
aunque nadie los note.

Buenos Aires despierta,
la mañana aún duerme,
las huellas de la noche ya se barren
y guardan en contenedores.

Y a veces también hay amor,
escondido en el fondo de un bar,
escapando de los ojos
y de las horas que no dejan respirar.

Sus bocas quedarán sedientas,
no habrá más tiempo para promesas;
será hora de regresar,
cada cual a su enfermedad.

Ella volverá a casa,
besará a su marido;
preguntará “¿qué tal tu noche, mucho trabajo?,
por dentro morirá despacio,
recordará otras caricias.
Él soñará que la rapta y huyen muy lejos,
pensará “Tal vez esta noche se decida”.

Buenos Aires despierta,
siempre triste y fría.
Las luces ya no brillan,
sólo quedan recuerdos.

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